EL CIRCUITO DE LA MOTIVACIÓN
- ssimonpaul
- 7 feb
- 3 min de lectura
EL CIRCUITO DE MOTIVACIÓN-ESFUERZO-RECOMPENSA
En esta ocasión, vamos a hablar de un sistema que opera dentro de nuestro cerebro, y del de nuestros hijos: el “Circuito de Motivación-Esfuerzo -Recompensa”.
Se trata de un mecanismo a través del cual los seres humanos nos motivamos para lograr una meta (una determinada recompensa o un logro). Este campo de estudio ha sido (y es) esencial para entender qué nos mueve a llevar a cabo unas acciones u otras, más allá de que sean fáciles o no, estén accesibles o no.
En la actualidad, es más interesante que nunca conocer este circuito, ya que tanto nuestros niños como nosotros vivimos en medio de un sinfín de atractivos estimulares y comodidades que van a “motivarnos” hacia acciones/lugares/decisiones que no siempre van a ser saludables o enriquecedoras.
Como el saber no ocupa lugar, y además es atractivo, os contamos que en este circuito motivacional y de recompensa influyen, entre otras, dos zonas de nuestro cerebro, con nombres muy chulis: el núcleo caudado y el putamen. El primero, nos motiva hacia acciones “mentales”, y el segundo, hacia acciones más “físicas”.
Vamos, que cuando motivamos a nuestro bebé a que intente reptar, alcanzar el gateo, coordinar un movimiento… estamos activando su putamen; y cuando alentamos a un niño a que recuerde la rutina que toca en ese momento o la letra de una canción, activamos su núcleo caudado. ¿Por qué esto es importante?
En los primeros años de vida, madres y padres somos los principales “motivadores o alentadores” de los niños (somos su motivación extrínseca): a medida que ellos vayan avanzando en experiencias y autodominio, esa motivación pasará a ser intrínseca (la generará el propio niño, ya que se dará sus propias autoinstrucciones y aliento porque habrá interiorizado el ‘modelo de motivación’ de su familia).
No podemos hablar de motivación, sin hablar de esfuerzo. Esforzarnos en algo es diametralmente opuesto al “principio del placer”: esa inclinación a hacer “lo que más nos apetece en cada momento”. Este principio suele liderar los comportamientos de la etapa 0-3 años, ya que la mente en esas edades no puede generar escenarios comparativos (qué es mejor que qué y por qué) ni tomar decisiones (priorización, diseñar consecuencias para cada acción) respecto a su futuro. Esto es: no puede saber si es conveniente o no esforzarse en gatear, comer solito, hacer un puzle o compartir un juguete; simplemente, le apetece o no.
Somos los adultos los que, con nuestra forma de proponerles escenarios de desarrollo, alentarles, e insistir en ciertas acciones de manera consistente (no abrumadora) propiciamos esa “capacidad de esfuerzo” y, con ella, la consecución de logros en esta etapa tan decisiva.
La gran noticia, es que ese esfuerzo, forma parte de un SISTEMA DE RECOMPENSA que también se relaciona con los núcleos motivacionales cerebrales de los que hablamos antes. Si tras un esfuerzo, hay una sensación placentera (un refuerzo, una conquista de algo, la superación de un malestar…) es más probable que queramos repetir ese esfuerzo (todos hemos oído hablar de las famosas endorfinas, o de la dopamina).
Para ello, como puede deducirse, el esfuerzo no tiene que ser algo esporádico, sino plantearlo de manera habitual y organizada, y debe ser acompañado y reforzado adecuadamente. Cabe tal vez destacar, en este punto, que también para el adulto es un esfuerzo fomentar el esfuerzo, ya que el niño, lógicamente protestará, se frustrará, le incomodará… En este sentido, debemos evitar caer en estilos educativos sobreprotectores, que pueden frenar el desarrollo de esta importantísima red neuronal de motivación-esfuerzo-recompensa, así como de los hitos evolutivos que ha de alcanzar el niño gracias a dicha red.
Para finalizar, resumimos todo lo expuesto con algunas ideas prácticas:
plantearles ESPERAS cotidianas y naturales (para regular el deseo de inmediatez).
proponerles METAS CONSTANTES (siempre adaptadas a capacidades razonables de su edad).
otorgar refuerzos de manera INMEDIATA, SELECTIVA y SIGNIFICATIVA (no reforzar todo, solo lo que implica un esfuerzo por su parte, y hacerlo de manera inmediata y desde la conexión emocional, no con regalos).
vigilar su ACCESO A RECOMPENSAS NO ADECUADAS (que usen el móvil como premio o para calmar emociones incómodas, que consigan una recompensa –atencional, por ejemplo- por hacer una rabieta en lugar de un esfuerzo, dar premios poco adaptados a su edad, etc.).



Comentarios