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CÓMO CONSTRUIMOS SU MENTE

  • ssimonpaul
  • 7 feb
  • 3 min de lectura

Estoy convencida de que todos los niños tienen una mente privilegiada: una base neurofisiológica capaz de absorber y procesar millones de estímulos, visuales, auditivos, olfativos, táctiles, interoceptivos…


Me gustaría hablaros de una de las principales características de la mente humana: SE CONSTRUYE EN FUNCIÓN DE UN “OTRO”. Esto es, un niño no puede organizar los estímulos que llegan a su mente sin la ayuda de sus principales figuras de apego y referencia.


El caso de "Genie, la niña salvaje’’ y el caso del ‘Niño de Aveyron’, fueron dos grandes hitos que marcaron el campo de la psicología del desarrollo y el estudio de cómo afectan las carencias vividas en la infancia en la vida adulta (puedes encontrar información fácilmente sobre ellos en internet).


Este tipo de casos tan llamativos y terribles no son, afortunadamente, los más frecuentes. Pero sí ayudaron en la carrera por la investigación y el descubrimiento de numerosos aspectos del neurodesarrollo infantil hasta nuestros días.


Expertos contemporáneos como Daniel Siegel, Tina Payne Bryson, Daniel Goleman, Johann Hari, Álvaro Bilbao, Rafael Guerrero o Nazareth Castellanos, entre muchos otros, nos acercan numerosos hallazgos de una manera sencilla, atractiva e instructiva: videos, libros, formaciones…


EL APEGO Y LA ORGANIZACIÓN MENTAL


Hoy también tenemos el privilegio de conocer más sobre los Estilos de Apego, que se desarrollan en los primeros años de vida en función de la atención, la respuesta y el afecto recibidos por nuestras principales figuras de sostén.


El apego constituye una BASE DE SEGURIDAD (o, a veces, de inseguridad) desde la que vamos a construir todo lo demás: el pensamiento, el lenguaje, la forma de comunicarnos con el entorno, el manejo emocional, la autoestima…


Un Apego Seguro, por ejemplo, permite a los niños separarse de su figura principal para explorar su entorno, conocer y aprender a pensar. También posibilita que el niño busque respuestas y certezas en esa figura de apego, observando qué hace ante sus comportamientos, cómo responde a sus demandas, cuándo está y cuándo no está y en base a qué contexto, etc.


En este sentido, la COHERENCIA y la SEGURIDAD del comportamiento adulto son piezas claves en la construcción de la “mente” del niño. Somos el “filtro” que explica (más que con palabras, con actos) lo que está bien y lo que está mal, lo que puede y no puede hacer y lo que puede esperar en cada momento de nosotros. Son experiencias cotidianas indispensables, que ofrecen unos marcos de referencia esenciales a nuestros hijos, para que puedan ir organizando toda la información que llega a su mente.


¿Qué tipo de situaciones y acciones hablan de nuestra seguridad y coherencia adultas?

Por ejemplo…


…LA FORMA MÁS O MENOS SEGURA EN LA QUE “RECIBIMOS Y SOSTENEMOS” LA EMOCIONALIDAD (demandas, malestar, queja) DE NUESTROS HIJOS: sin añadir nuestro malestar, sin derrumbarnos ante “sus derrumbes”, sin rechazar sus expresiones emocionales, pero sí guiándolas, comprendiendo su estadío evolutivo y acompañándolo hasta el siguiente, etc.

…EL MANTENIMIENTO ESTABLE DE CIERTAS RESPUESTAS ANTE SUS ACTOS: siempre que hace X, responder de manera similar, no reír un comportamiento que en otro momento sancionaríamos, no dar un tiempo excesivo para hacer algo que en otra situación requiere premura…

…PEDIRLES LO QUE PUEDEN DAR y EN RELACIÓN A TODOS LOS ASPECTOS DE SU VIDA: a veces exigimos que coman como un adulto, pero no que sean capaces de dormir por sí solos, o que afronten cambios significativos en su vida (cambio de cole, dejar su pañal…) sin haber entrenado el afrontamiento de retos cotidianos más sencillos (pequeñas frustraciones, calzarse o desvestirse solos, guardar sus juguetes…).


LA ORGANIZACIÓN DEL ENTORNO Y LA ORGANIZACIÓN MENTAL


Es una cuestión innegable el hecho de que todos “nos contagiamos”. No sólo de virus, sino de cuestiones más permanentes en el tiempo como actitudes, formas de hablar, hábitos, comportamientos y valores.


Un “entorno organizado” ayuda a la mente del niño a ir estructurándose de manera organizada: horarios estables, repetición en la secuencia de los hábitos, cierto orden físico de sus espacios vitales…


En este sentido, atendamos también a las características psicofísicas de ese entorno: luz, ruido, cantidad y tipo de estímulo… Hoy sabemos mucho más acerca del ESTRÉS y de la influencia de diversos NEUROTRANSMISORES en el cerebro y en la salud mental y física.


El uso de cierto tipo de pantallas, el tiempo de exposición a una sobreestimulación, el respeto a los ritmos y necesidades evolutivas de cada “etapa cerebral” … son indispensables para que logremos una ORGANIZACIÓN NEURONAL POSITIVA, que facilite (y no perjudique) todas las funciones que irán requiriendo las etapas posteriores.


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SUSANA        SIMÓN

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